Cuidemos Internet

  13 Marzo 2009

Alicante, 13 de marzo de 2009 - Internet es ya el segundo espacio social, público, después de nuestras calles. Al igual que en ellas, en internet uno se cita para compartir espacios de diálogo, verbigracia, chats, Messenger, Twitter... (como hacemos en cafés y parques); puede uno viajar a través de temas pero también a través de paisajes; informarse, de la misma forma que leemos el viejo periódico impreso sentados en un banco de la avenida; consultar libros, como en las bibliotecas presenciales...

Si la sociedad postmoderna está marcada, lamentablemente, por una acelerada carrera hacia lo banal, por la falta de tiempo y el enloquecido consumo, internet, epítome de la postmodernidad, no escapa a esta dinámica.

Si ya la ciencia, y la cultura en general, en nuestro espacio no virtual, adolece cada vez más de una alarmante falta de profundidad, de reflexión, con una apabullante oferta de datos y hechos, pero sin una reposada puesta en contacto de éstos con el contexto, sin abstracción, sin elaboración, auténtica base de la Cultura, internet, en estos sus primeros pasos, no parece que vaya a enmendar sino, al contrario, abundar en este sentido. En este sinsentido.

Lo que en un principio aparecía como la panacea contra la ignorancia... puede llegar a igualarnos por abajo. Si bien es cierto que se ha producido una democratización tecnológica (hoy se tiene conexión a internet en lugares remotos, en áreas urbanas socialmente degradadas), la falta de rigor de muchos materiales informativos y culturales que ofrece la Red, así como el descuido casi absoluto de la ortografía y la sintaxis, por doquier, puede llevarnos de una cultura aristocrática a una democrática incultura.

En mi opinión, basada en una experiencia de años de atención al usuario de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (BVMC) -¡estoy hablando de la biblioteca virtual de referencia en lengua castellana de la Red! y, por tanto, de unos usuarios de todas las edades pero con un mínimo, siquiera, de interés o amor por la cultura, la literatura y la lengua-: el empobrecimiento de fondo y forma es muy grave. La BVMC ofrece gratuita y universalmente una serie de servicios entre los que se encuentran los foros. Hemos establecido foros de comentarios para las obras y autores que forman parte de nuestro Catálogo (de más de 100.000 registros), así como para temas generales (también de interés cultural) a propuesta de los usuarios. Del resto de servicios, que también ofrece gratuitamente la BVMC, les hablaré en futuras ocasiones. Hoy quiero aludir a mi percepción de banalidad y descuido en el lenguaje de los mensajes que llegan a nuestros foros. Innúmeros aquellos en que los usuarios sólo quieren preguntar al autor si son parientes, al portar el mismo apellido; incontables los que se molestan porque, al lado de la obra, no ofrezcamos resúmenes para no tener que leerla si resulta literariamente difícil o científicamente sesuda; ejército los que sólo quieren saludar. Y todo ello con las tildes en paradero desconocido, y con el resto de la ortografía y la sintaxis gravemente perturbadas (al estilo SMS, que empieza a valer no sólo para internet sino para realizar un examen escrito de licenciatura).

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes puede blasonar de rigor: se trata de una biblioteca de autoridades y de textos no apócrifos. Y para acompañar este rigor, para cuidar internet, también los servicios que ofrece están limpios. Nunca ejercemos la censura, salvo en caso de insultos explícitos o palabras soeces, mensajes que no publicamos. Pero todos los demás, en los que se critica, se alaba, se discute, se sugiere o se pregunta, y están relacionados con la obra, el autor, o el tema al que van dirigidos, son publicados íntegramente. Lo único es que para, en la medida de nuestras posibilidades, proteger la lengua escrita, son corregidos ortográfica y gramaticalmente. Y no sólo nos mueve, a las personas que desde el Taller Digital mantenemos los foros de la BVMC, el amor a la lengua: en muchos casos, créanme, se trata de hacer posible la comunicación.

 

Ana Cuerdo Alonso

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