La necesidad de integrar los valores morales en el tejido empresarial

  29 Mayo 2009

Alicante, 29 de mayo de 2009 - Hablemos de los valores, sí, ese término que cuando, por ejemplo, definimos "trabajo en equipo" aparece un tanto de corrido: Interacción de un grupo de personas formadas frente a las que, habitualmente, hay un responsable que, además de ser uno más, dirije, orienta y planifica en función de lo objetivos y valores marcados por la empresa.

Fijémonos en esta secuencia: "objetivos y valores", dos sustantivos unidos por una conjunción coordinada copulativa, es decir, debe unir elementos homogéneos.

Pero, hagamos la siguiente reflexión: En nuestra sociedad actual, ¿de verdad se da la misma importancia al éxito, dinero y el poder (ligados a objetivos tangibles) que a la honestidad y la honradez (ligados a valores personales)? No, sin duda alguna se han antepuesto, durante varios años, los objetivos a los valores. Y eso, a largo plazo, ha tenido sus consecuencias: ha modificado el entorno.

Y qué sucede cuando el entorno cambia y lo que antes hacíamos con éxito porque habíamos dado con el método más operativo; ahora es insuficiente o ineficaz. ¿Vamos a esperar que alguien nos dé la solución y nos lleve de la mano hacia el principio del camino que debemos emprender? Evidentemente, no. Ahora más que nunca, es cuando vuelve a resurgir el poder de las personas. En tiempos difíciles, es cuando surgen las mejores ideas, puesto que estamos obligados a reflexionar, se trata de sobrevivir y de sacar toda la fuerza que llevamos dentro.

Últimamente se dice que estamos inmersos en una crisis peor que la económica: la crisis de valores. Pues cambiemos esos valores, o mejor, retomemos los verdaderos valores personales: la honestidad, la honradez, la bondad, el respeto por las ideas, la solidaridad, la compresión. Volvamos a nivelarlos con los objetivos empresariales, corramos el riesgo, no hay nada que perder. Es más, quizá nos sorprenda ver cómo ese compromiso personal, de todos y cada uno de los miembros de una empresa que, en definitiva, constituyen el EQUIPO DE TRABAJO (con mayúsculas), tiene un resultado positivo en dos aspectos:

  • En desarrollo personal, puesto que nos dignifica.
  • En desarrollo profesional, puesto que nuestros clientes o usuarios lo que necesitan es confiar y la confianza la dan las personas que hacen las empresas. El ver que nuestros productos, en nuestro caso tecnológicos, los han hecho personas que además de tener talento viven según unos valores morales que deberían ser universales.

Integrar nuestros valores morales en la estructura empresarial debe ser el principal compromiso de todas y cada una de las personas que forman el equipo de trabajo.

 

Julia Bernal

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